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Conservación de punta

Un pequeño avión se prepara para aterrizar, pero no hay aeropuerto ni pista, y ni siquiera tiene piloto. Se trata de un vehículo aéreo no tripulado que regresa de su misión, que no consiste en acabar con terroristas o espiar en países extranjeros, sino en observar las poblaciones de rinocerontes y localizar cazadores ilegales de tigres.

Este dron no lleva turbinas Rolls Royce ni radar de apertura. En cambio, tiene un interfaz de Google Maps, cámaras y sensores infrarrojos sencillos. No cuesta más que una laptop normal.

Esas tecnologías baratas están cambiando la manera de realizar actividades de conservación. Para el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), que administra la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, estas nuevas herramientas de conservación llegan justo a tiempo. Llenan vacíos en nuestro conocimiento sobre las migraciones de larga distancia de especies como tortugas, tiburones, elefantes y aves. Los datos recabados se utilizan para desarrollar estrategias de conservación a la medida para cada una de las distintas especies.

Puesto que las especies que migran a través de océanos y continentes suelen ser las que están en mayor peligro debido a las amenazas que suponen viajes tan largos, cualquier tecnología que permita a los científicos obtener conocimientos sobre sus conductas las beneficia. Por ejemplo, una banda ultraligera que funciona como geolocalizador permite actualmente a los científicos rastrear pequeñas aves terrestres durante sus increíbles viajes. Recientemente, los científicos descubrieron que el falaropo picofino comienza su migración en las islas Shetland en Escocia, cruza el Atlántico, vía Islandia y Groenlandia, vuela al Sur a lo largo de la costa Este de los Estados Unidos hacia el Caribe y México, y termina su viaje en las costas de Ecuador o Perú.

La Cooperación internacional para la Investigación Animal utilizando el espacio (Icarus) está desarrollando una plataforma remota de sensores que estará en órbita terrestre y permitirá a científicos de todo el mundo rastrear organismos pequeños y realizar observaciones y experimentos en áreas grandes. Como resultado, los científicos pronto podrán rastrear y entender mejor viajes extraordinarios como los de las tortugas caguamas, que nacen en Australia, donde permanecen algunos años antes de migrar a través del Pacífico a Chile, Ecuador o Perú. Treinta años después, regresan a su lugar de nacimiento.

Las nuevas tecnologías están resultando muy valiosas para combatir la caza ilegal. Además de los drones, los guardias encargados de la conservación cuentan ahora con cámaras térmicas que detectan el calor, y helicópteros militares, y pueden rastrear a los cazadores ilegales de elefantes y rinocerontes que utilizan tecnologías similares (y armas automáticas) para perseguir a sus presas. Los guardias también utilizan detectores térmicos de movimiento y gafas de visión nocturna para luchar contra los cazadores ilegales de aves que atrapan a las pequeñas aves cantoras utilizando teléfonos celulares que emiten cantos electrónicos, y vehículos todo terreno para revisar cientos de kilómetros de redes.

Además, el Ministerio Federal alemán de Conservación de la Naturaleza y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), en colaboración con Johannes Gutenberg de la Universidad de Mainz, ha desarrollado una forma de medir el contenido de isótopo en muestras de marfil para rastrear su origen. Esto permitirá a las autoridades de aduanas y a la policía determinar el origen del marfil confiscado para identificar los puntos de tráfico.

Se puede hacer otro uso importante de la tecnología para reducir la frecuencia de “conflicto entre humanos y animales” –daños inadvertidos como captura no intencional de tiburones, mantarrayas, tortugas marinas, delfines, ballenas y tortugas de mar con redes de pesca–. Los ecologistas han tratado durante mucho tiempo de proteger la vida marina sin crear problemas a los pescadores. Pruebas recientes han mostrado que luces ultravioleta brillantes instaladas en las redes sumergidas disuaden a dichas especies de acercarse sin afectar la pesca.

Otras formas de conflicto entre humanos y animales se pueden evitar con aplicaciones simples de teléfono celular. Por ejemplo, en Estados Unidos, la Oficina de Pesca y Vida Silvestre usa un sistema de rastreo GPS para alertar a navegantes que están transitando en las aguas de Florida sobre colisiones potenciales con manatíes. En Australia occidental una aplicación ahora advierte a los nadadores de la presencia cercana de tiburones. De igual manera, rutas de migración más precisas y el uso de sensores podrían darnos más información sobre hábitats y movimientos de tiburones, y, por ende, ayudarnos a evitarlos.

Aunque la tecnología por sí sola no sería suficiente para proteger todas las especies migratorias valiosas, puede ofrecer conocimientos vitales y ayudar a hacer cumplir leyes y reglamentos importantes como el Convenio sobre Especies Migratorias y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas. Además, la tecnología puede ampliar nuestro entendimiento y valoración sobre la fragilidad de nuestro planeta, y permitir a humanos y animales coexistir más armoniosamente.

Bradnee Chambers es secretario ejecutivo de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, del Pnuma (UNEP/CMS, por sus siglas en inglés) © Project Syndicate.

 

Last updated on 28 May 2014

Type: 
Op Ed